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Las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga son los restos  humanos más antiguos de Alcañiz.  En diciembre de 1998 el arte rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial.  Uno de los cuatro yacimientos más importantes de Aragón es el Abrigo de Val del Charco del Agua Amarga en el término municipal de Alcañiz,  yacimiento clave en el estudio del Arte Levantino español.  Este abrigo fue hallado en 1913 por el farmacéutico de Valdealgorfa, Carlos Esteban.

Para visitar las pinturas debe irse por caminos que parten desde Alcañiz ( a 17 Km. ) o desde Valdealgorfa (a 12 Km.).

Se trata de unas pinturas Rupestres con más de 150 figuras muy deterioradas antes de su reciente restauración.  El abrigo pudo ser un lugar de reunión o “santuario” donde tendría lugar ceremonias o la celebración de rituales de carácter religioso o social.  Los temas representados dan un especial valor mágico para las actividades de la caza y la fecundidad.

Para el año 2000 se realizó una actuación de emergencia debido al mal estado de conservación de las pinturas.  Se realizó una limpieza de vegetación, malezas y basuras del entorno; un lijado de la verja y pintado; restauración del conjunto; confección y colocación en la plataforma de una mesa de interpretación sobre el yacimiento; colocación de un cartel señalizador junto al acceso del yacimiento; edición de una guía para su protección y promoción social.

El abrigo es un lugar arqueológico declarado B.I.C.  también forma parte del conjunto de abrigos con arte rupestre del Arco Mediterráneo declarados por la UNESCO como Patrimonio Mundial.  Así, el lugar goza de la máxima protección que otorga la legislación española e internacional.

El Cabezo del Cuervo, ofrece el interés de haber concluido en él la cultura indígena de la Edad del Bronce, la influencia de los pueblos indoeuropeos y, finalmente, el poderoso impacto de la cultura ibérica.  Algunos de los poblados que caracterizan la larga etapa denominada Edad Del Hierro serían el Cascarujo y el Siriguarach.

La cultura ibérica, llega por la costa y por el valle del Ebro, y tendrá una de sus mejores representaciones en el cabezo Palao que, junto con el del cabezo de Alcalá de Azaila, constituye un claro centro en este periodo. Una economía más compleja – el cereal, la vid, el olivo, la ganadería, cierta actividad “industrial”, el incremento en el intercambio comercial, nuevos ritos funerarios, etc-, configuran un nuevo modo de vida, un salto civilizatorio cualitativo, cuyo mejor reflejo será la complejidad en las viviendas y el urbanismo de los poblados.

Ilercavones y Sedetanos serían los pueblos que una romanización pacífica y lenta encontrarían en el Bajo Aragón. Nuestro territorio estaría, sin duda, dentro del llamado convento Jurídico Cesaraugustano, siendo probablemente el Matarraña el límite con el Convento Tarraconense. Que la romanización fue pacífica, lo demuestra el hecho de que las poblaciones siguieran ocupando los antiguos poblados: Alcañiz el Viejo y el Palao.

En el 427 d. de J. C. las tropas de Eurico toman Zaragoza y paulatinamente el valle.  Los visigodos apenas dejan huella en nuestro territorio.

Algo similar ocurre con la invasión y presencia musulmana en Alcañiz y en el Bajo Aragón. En la primavera del año 714, las primeras tropas musulmanas llegan a Zaragoza y, sin resistencia, se adueñan del valle del Ebro. La influencia más perenne de la cultura musulmana en nuestra zona se refleja, sin duda, en la toponímia, como se ve fácilmente al analizar los nombres de pueblos, ríos, partidas, etc.

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